Fotografía, emociones y comunidad: exposición urbana y salud mental infantil
A través de la fotografía participativa, las infancias exploraron cómo su entorno influye en sus emociones y transformaron una barda abandonada en una galería comunitaria al aire libre, fortaleciendo la identidad y el sentido de pertenencia.
Diagnóstico y cartografía emocional.
Este proyecto nació con el propósito de promover la salud mental de niñas y niños en condiciones de desigualdad social en Maneadero, Baja California. A lo largo de 12 sesiones de trabajo, se utilizó la metodología de investigación-acción participativa a través de la técnica de foto-voz, permitiendo que las infancias elaboraran una cartografía de sus emociones mediante la captura, interpretación y discusión de imágenes de su propio entorno. En este proceso de diagnóstico participativo, los participantes identificaron cómo el deterioro urbano afectaba su bienestar: mientras que la tristeza, el enojo y el miedo emergían ante la presencia de lotes abandonados, casas vandalizadas y tiraderos ilegales de basura, la felicidad se asociaba a los espacios verdes, el juego y la convivencia entre amigos. De esta manera, el grupo consensuó que la problemática central prioritaria a atender era el estado de abandono y deterioro de las bardas y construcciones del barrio.
Acción transformadora y creación de espacios
Como respuesta directa a este diagnóstico, se emprendió una acción de recuperación urbana y apropiación comunitaria mediante la adopción de una barda deteriorada del barrio. El espacio fue rehabilitado y transformado con esmero para convertirse en el primer punto público de exposición fotográfica al aire libre destinado a infancias y juventudes. En este sitio revitalizado se montaron dos exposiciones fotográficas con las obras creadas por los participantes: la primera, titulada "El Orgullo y Alegría de Vivir en Mi Barrio", reflejó la conexión emocional y los aspectos positivos de su entorno a través de la solidaridad y las alegrías cotidianas; la segunda, "Identidad de Maneadero", presentó una serie de retratos de aquellas personas reconocidas y valoradas por la niñez en su comunidad, otorgándole un nuevo significado al espacio público.
Contribución en la salud mental y transformación social.
La implementación de esta experiencia de foto-voz demostró que el uso del arte participativo es una estrategia altamente efectiva para la promoción de la salud mental infantil. Los resultados del proyecto evidencian que el proceso generó ambientes de confianza propicios para la creación de lazos de amistad profundos, al mismo tiempo que mejoró de forma significativa la autoestima y el autoconcepto de las niñas y niños participantes. Al involucrar a la niñez como agente activo en la identificación y solución de las problemáticas de su territorio, no solo se logró recuperar un espacio urbano olvidado para convertirlo en un motivo de orgullo local, sino que se crearon condiciones comunitarias que fortalecen la identidad, la resiliencia y el bienestar emocional de la infancia.
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